En la memoria colectiva, cuando pensamos en Albert Einstein, a todos nos viene a la memoria su célebre foto sacando la lengua. En una época en la que la ciencia era considerada seria, formal y reservada, la foto supuso un contraste de mil interpretaciones posibles y para muchos, una nueva reinterpretación del ser científico como tal. La foto, como la mayoría de imágenes que pasan a la historia, se produjo de manera casual y espontánea, producto de un fotógrafo insistente y un Einstein simpático y ameno.

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Albert Einstein se marchaba de un homenaje por sus 72 años y a la salida se encontró con muchos fotógrafos que empezaron a fotografiarlo. Se encontraba visiblemente cansado para sonreir a cámara, y después de insistir que lo dejaran tranquilo, su paciencia se acabó. Les dijo en voz alta: ¡Basta Ya! … Pero los fotógrafos siguieron disparando. Continuaron disparando sus flashes hasta su auto donde lo esperaba su esposa.

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Los fotógrafos estaban aguardando alguna sonrisa, cuando en un momento inesperado al físico se le ocurre sacar la lengua con el propósito de estropearles la instantánea. El fotógrafo Arthur Sasse, captó el momento, siendo el único en atrapar una de las fotografías más famosas de una de las personalidades más importantes de la historia de la humanidad …

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Tiempo después Albert Einstein al ver las imágenes, pidió al fotógrafo que le hiciera nueve copias porque le gustó mucho la foto. Incluso se sabe que a él le gustaba regalar tarjetas de navidad con esa imagen. La foto llegó a ser tan relevante y popular que cuando la subastaron, en el año 2009, la foto original costó 74.324 dólares y es hasta la fecha la fotografía más cara de Einstein. El fotógrafo Arthur Sasse , quizás nunca imagino que su insistencia e intuición conseguirían esa imagen, la que ahora vemos constantemente en posters, cuadernos, calcomanías, polos etc.

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